Almorzando con Mirtha

CRONICA Y FOTOGRAFÍAS: GUSTAVO HUMENIUK

Semana santa. Todos saben lo difícil que se torna conseguir pasajes para viajar en semana santa. Todos menos yo. Por eso, faltando tres días para el viernes santo, aún no había decidido qué destino elegir. Por un lado estaba Necochea, por otro Mar del Plata y más allá Santa Rosa, en La Pampa, todas con iguales ofertas de buen street skate y muchas fotos.

Muy grande fue mi desilusión cuando todos los medios de transporte habidos y por haber respondieron lo mismo: "pasajes agotados".

El jueves 9, mientras me lamentaba por estar "anclao en Baires", sonó el teléfono. Del otro lado, Nacho Villalba de Family Clothing, me comenta que en una charla con Felipe Carosella surgió la idea de hacer una skateboard session en Rosario (Santa Fe), y me invita a participar de la misma. El panorama era más que alentador, de modo que mi confirmación no se hizo esperar.

FatherAsí es que el viernes 10, a las 8 de la mañana, me encontré con Felipe Carosella y Nacho Villalba. En puente Saavedra nos esperaban los restantes compañeros de viaje que resultaron ser dos jóvenes máquinas del skateboard: Luciano Knabe y Santiago "Yayo" Stewart.

A las 8:20 ya habíamos cargado nafta y estábamos en plena Panamericana haciendo todo tipo de conjeturas con respecto a lo que encontraríamos dentro de unas tres horas. Después de 15 minutos de viaje, Luciano Knabe hace la pregunta que todos teníamos en la mente: "¿Che, falta mucho?. Instantes más tarde vemos que la ruta se divide en dos, entonces surge otra gran pregunta: "¿para qué lado es? Unos cuantos zigzagueos, y tomamos el camino de la derecha... que sea lo que Dios quiera.

MonumentoA las diez de la mañana, nuestras caras de alegría se deformaron cuando comenzó una tenue llovizna que aumentaba a medida que nos acercábamos a Rosario. Para completar la escena, Villalba tenía un fuerte antojo por comer ravioles, así que no paraba de preguntar en qué lugar podría comerlos.

Luego de un breve cambio de agua en nuestros radiadores, emprendimos el tramo final del viaje que sería de unos 70 kilómetros.

Finalmente llegamos a Rosario acompañados por una hermosa llovizna que no se daba por vencida y que, a esta altura, había empapado todo el piso. Debo remarcar que el paisaje en Rosario era de-so-la-dor. Los comercios cerrados, la gente en sus casas comiendo huevos de pascua en familia y nosotros tratando de dar con alguien que nos diga dónde estabamos parados. Habíamos oído hablar de un circuito techado pero, ¿cómo encontrarlo sin ayuda, en una ciudad del tamaño de Rosario?

Durante más o menos una hora estuvimos dando vueltas sin sentido, delirando sobre la supuesta belleza de las mujeres rosarinas (que por cierto no aparecieron), y tratando de encontrar algún skateboarder local que nos dirija al circuito techado, mientras Villalba preguntaba desde la ventanilla a los gritos: "¡¿dónde queda el centro?!".

Tanta pregunta dio sus frutos, ya que un señor nos dirigió hacia unos galpones municipales donde se escondían algunos obstáculos, a metros de la ribera del río. El hallazgo habría sido festejado, de no ser por los candados que tenían los portones de acceso, razón por la cual tuvimos que conformarnos con chusmear a través de unos agujeros en las paredes.

Secuencia Nose slide

A esta altura todos comenzamos a pensar que la peor idea que pudimos tener fue la de hacer este viaje a ciegas, sin conocer nada ni a nadie. Para peor, el creciente hambre [con Villalba a la cabeza reclamando sus "raviolli"] profundizaba nuestra depresión, de modo que nuestra prioridad, ahora, es encontrar un maldito restaurant que sirva pasta en plena semana de vigilia.

Sin ponernos demasiado exigentes, nos metimos en el primer restaurant que encontramos, que no paraba de ofrecer todo tipo de pescados en sus carteles, tales como trucha, bacalao, abadejo, merluza, dorado, etc. Teniendo en cuenta que no sabíamos dónde estabamos metidos, la mejor opción era la pasta, y si no tiene relleno, mejor. De este razonamiento sale el siguiente pedido: cuatro porciones de ñoquis y un plato de "raviolli". Adivinen para quién...

NachoMientras marchaba la cocción de la pasta fue inevitable el análisis del restaurant, durante el que encontramos una caricatura increíble del dueño del local, una publicidad de cigarrillos "CHEsterfield" con la cara del "CHE" Guevara, y unos cuantos bacalao colgados del techo, a los que Villalba se encargó de confundir con "murciélagos en mal estado". La publicidad del "CHE" nos causó gracia, lo que molestó un poco a los dueños del restaurante, que no tardaron en informarnos: "El Che es rosarino, ¿entendés?".

Entendimos perfectamente (por la cara de culo que puso), que debíamos comer e irnos urgente.

Mientras le arruinábamos el viernes santo a la gente del restaurant, el clima había decidido darnos una oportunidad, así que ahora estábamos con la panza llena y el corazón contento, es decir, con el piso casi seco.

ViajandoDecidimos volver hacia la zona de los galpones en la ribera del río, en busca de alguna arquitectura skateable, siendo esta decisión la más acertada en lo que iba del día, ya que nos encontramos con una enorme extensión de piso de ladrillo, similar al del Parque Rivadavia, con plataformas de marmol de un lado y con unos 6 bancos de madera del otro.

Teniendo en cuenta que las ganas de andar se fueron juntando desde las 8 de la mañana, la session comenzó instantáneamente. Villalba quemaba la energía aportada por los raviolli, haciendo docenas de frontside 5-0's y backside 50's en esos banquitos que patinaban como los dioses sin ningún tipo de agregado. Yayo prefirió aprovechar la calidad del suelo para hacer flip varial 360's, flips de back, frontside flips y otras cositas. Felipe perfeccionaba sus tailslides hasta hacerse el banco completo!, mientras que Knabe combinaba algo de flat con K-grinds, frontside nose slides, switch stance tailslides y sus conocidos flip backside tailslides.

LuchoEl lugar no era muy transitado, pero el particular espectáculo provocó el acercamiento de bastante gente que se sentaba a mirar a "los locos de la patineta" mientras tomaban mate. Entre los espectadores se encontraban dos chicos de Entre Ríos, que nos indicaron cómo llegar al segundo point de nuestro particular tour. A escasas ocho cuadras de los banquitos, nos encontramos con un depósito bastante escondido que se caía a pedazos, y que en su interior tenía un half pipe y un circuito de street pensado y armado por unos bikers rosarinos. A nadie le importó que el piso no fuera de lo mejor, así que instantáneamente los obstáculos fueron asediados con todo tipo de locuras. El premio a "Mejor Adaptación" se lo llevó Luciano Knabe, que no paró de bajar pruebas (f/s boardslide, 5-0, 50's, smith grinds, K-grinds) en una baranda con escaso metro y medio para acomodarse. Hablando con el Chino, unos de los constructores del circuito, nos enteramos que el lugar pertenecía a la Policía, y que por cien pesos mensuales (corriente eléctrica incluída) podían usarlo para practicar. Una verdadera ganga.

La escasa luz que entraba por la puerta del galpón nos hizo recordar que ya era tarde, y que aún nos esperaban unas horitas de ruta, de modo que nos despedimos de los locals presentes emprendiendo así nuestra triunfal retirada, no sin antes inspeccionar un par de monumentos, entre ellos el de la bandera, que nos recuerda el lugar en el que nuestro símbolo patrio fue bautizado.

Ya entrada la tarde, las luces se fueron prendiendo y la ciudad empezó a tomar otro color, mientras nosotros nos despediamos de Rosario, con el enorme deseo de volver en cualquier momento pero con más suerte que en este querido Raviolli Tour.

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