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A esta altura todos
comenzamos a pensar que la peor idea que pudimos tener fue la
de hacer este viaje a ciegas, sin conocer nada ni a nadie. Para
peor, el creciente hambre [con Villalba a la cabeza reclamando
sus "raviolli"] profundizaba nuestra depresión,
de modo que nuestra prioridad, ahora, es encontrar un maldito
restaurant que sirva pasta en plena semana de vigilia.
Sin ponernos demasiado
exigentes, nos metimos en el primer restaurant que encontramos,
que no paraba de ofrecer todo tipo de pescados en sus carteles,
tales como trucha, bacalao, abadejo, merluza, dorado, etc.
Teniendo en cuenta que no sabíamos dónde estabamos
metidos, la mejor opción era la pasta, y si no tiene relleno,
mejor. De este razonamiento sale el siguiente pedido: cuatro porciones
de ñoquis y un plato de "raviolli". Adivinen
para quién...
Mientras
marchaba la cocción de la pasta fue inevitable el análisis
del restaurant, durante el que encontramos una caricatura increíble
del dueño del local, una publicidad de cigarrillos "CHEsterfield"
con la cara del "CHE" Guevara, y unos cuantos bacalao
colgados del techo, a los que Villalba se encargó de confundir
con "murciélagos en mal estado". La publicidad
del "CHE" nos causó gracia, lo que molestó
un poco a los dueños del restaurante, que no tardaron en
informarnos: "El Che es rosarino, ¿entendés?".
Entendimos perfectamente
(por la cara de culo que puso), que debíamos comer e irnos
urgente.
Mientras le arruinábamos
el viernes santo a la gente del restaurant, el clima había
decidido darnos una oportunidad, así que ahora estábamos
con la panza llena y el corazón contento, es decir, con
el piso casi seco.
Decidimos
volver hacia la zona de los galpones en la ribera del río,
en busca de alguna arquitectura skateable, siendo esta decisión
la más acertada en lo que iba del día, ya que nos
encontramos con una enorme extensión de piso de ladrillo,
similar al del Parque Rivadavia, con plataformas de marmol de
un lado y con unos 6 bancos de madera del otro.
Teniendo en cuenta
que las ganas de andar se fueron juntando desde las 8 de la mañana,
la session comenzó instantáneamente. Villalba quemaba
la energía aportada por los raviolli, haciendo docenas
de frontside 5-0's y backside 50's en esos banquitos que patinaban
como los dioses sin ningún tipo de agregado.
Yayo prefirió aprovechar la calidad del suelo para hacer
flip varial 360's, flips de back, frontside flips y otras cositas.
Felipe perfeccionaba sus tailslides hasta hacerse el banco completo!,
mientras que Knabe combinaba algo de flat con K-grinds, frontside
nose slides, switch stance tailslides y sus conocidos flip backside
tailslides.
El
lugar no era muy transitado, pero el particular espectáculo
provocó el acercamiento de bastante gente que se sentaba
a mirar a "los locos de la patineta" mientras tomaban mate. Entre
los espectadores se encontraban dos chicos de Entre Ríos,
que nos indicaron cómo llegar al segundo point de nuestro
particular tour. A escasas ocho cuadras de los banquitos, nos
encontramos con un depósito bastante escondido que se caía
a pedazos, y que en su interior tenía un half pipe y un
circuito de street pensado y armado por unos bikers rosarinos.
A nadie le importó que el piso no fuera de lo mejor, así
que instantáneamente los obstáculos fueron asediados
con todo tipo de locuras. El premio a "Mejor Adaptación"
se lo llevó Luciano Knabe, que no paró de bajar
pruebas (f/s boardslide, 5-0, 50's, smith grinds, K-grinds) en
una baranda con escaso metro y medio para acomodarse. Hablando
con el Chino, unos de los constructores del circuito, nos enteramos
que el lugar pertenecía a la Policía, y que por
cien pesos mensuales (corriente eléctrica incluída)
podían usarlo para practicar. Una verdadera ganga.
La escasa luz que entraba
por la puerta del galpón nos hizo recordar que ya era tarde,
y que aún nos esperaban unas horitas de ruta, de modo que
nos despedimos de los locals presentes emprendiendo así
nuestra triunfal retirada, no sin antes inspeccionar un par de
monumentos, entre ellos el de la bandera, que nos recuerda el
lugar en el que nuestro símbolo patrio fue bautizado.
Ya entrada la tarde,
las luces se fueron prendiendo y la ciudad empezó a tomar
otro color, mientras nosotros nos despediamos de Rosario, con
el enorme deseo de volver en cualquier momento pero con más
suerte que en este querido Raviolli Tour.
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